25th Sep 2023
Había una vez en la selva de América Latina, un majestuoso jaguar llamado Diego. Era conocido por ser el rey de la selva y su pelaje manchado de negro y dorado lo hacía lucir imponente.
En esa misma selva vivía una pequeña y veloz liebre llamada Lola. Tenía un pelaje suave y blanco, y sus orejas puntiagudas le permitían escuchar incluso el más mínimo ruido.
Un día soleado, mientras Diego descansaba bajo la sombra de los árboles, Lola pasó corriendo velozmente cerca de él. Diego quedó impresionado por la velocidad de la liebre y decidió que quería retarla a una carrera.
Lola aceptó el desafío sin dudarlo. Ambos se pusieron en posición de partida y en un abrir y cerrar de ojos, comenzaron a correr a toda velocidad. Diego se esforzaba al máximo, pero Lola parecía deslizarse sobre el suelo sin ningún esfuerzo.
La carrera continuó por kilómetros y finalmente llegaron a la meta. Diego, a pesar de ser el más veloz de todos los animales de la selva, había perdido ante Lola. Ambos se miraron y comenzaron a reír, disfrutando de la emoción y la diversión de la carrera.