
28th Oct 2024
Era un día soleado en el parque. Un niño llamado Miguel estaba feliz jugando con sus amigos. Corría y saltaba, sintiendo el viento en su cara. De repente, sopló una brisa mágica. La brisa lo envolvió y sintió algo especial.
Miguel miró a su alrededor y vio que podía correr más rápido que nunca. Las hojas de los árboles danzaban a su alrededor. Sintió una energía nueva en su corazón. Él no solo era un niño, era un guerrero del viento.
Decidió probar sus nuevos poderes. Miguel cerró los ojos y se concentró. Con un gran salto, se elevó en el aire, volando como un pájaro. Su risa llenaba el parque, todos lo miraban con asombro.
Desde lo alto, Miguel vio a sus amigos jugando. Se sintió fuerte y valiente, como un verdadero guerrero del viento. Decidió bajar y compartir su emoción con ellos. ¡Quería que también sintieran su poder!
Al aterrizar, Miguel les contó a sus amigos sobre la brisa mágica. Les dijo: "Pueden ser guerreros del viento también! Solo necesitan creer en sí mismos!" Sus amigos sonrieron y se unieron a él.
Juntos, comenzaron a correr, dejando que el viento les acariciara la piel. Con cada vuelta y salto, se sentían más fuertes, como si pudieran volar. La risa llenó el aire, contagiando a otros en el parque.
De repente, se formó un gran remolino de hojas a su alrededor. Las hojas giraban en un baile alegre. Miguel y sus amigos comenzaron a girar con las hojas, disfrutando de la magia del viento.
Sintieron que el viento les hablaba, como un susurro suave. "Cree en ti mismo", decía el viento. Miguel sonrió, entendiendo que el verdadero poder estaba en su interior.
Cuando el sol comenzó a ponerse, Miguel y sus amigos se sentaron en la hierba. Se sentían felices y fuertes. Habían sido guerreros del viento por un día, pero el poder seguía en ellos.
Así, Miguel regresó a casa, llevando consigo la magia del viento y la certeza de que siempre podía ser un guerrero cuando creyera en sí mismo.