7th Oct 2024
La abuela Sara tenía un jardín muy especial. En este jardín, las flores hablaban y los árboles bailaban. Sofía, su nieta, amaba ayudar a su abuela a cuidarlo. Cada mañana, el jardín despertaba lleno de colores y magia.
Las flores cantaban con dulces voces, y los árboles se movían como si fueran danzarines. "¡Buenos días, Sofía!" decían las flores, llenas de alegría. Sofía sonreía y respondía: "¡Buenos días, flores brillantes!", mientras regaba las plantas.
Un día, mientras cuidaban el jardín, una flor rosa comenzó a contar una historia. "Érase una vez un pequeño sapo que quería ser rey. Con su corazón puro, encontró gran sabiduría y amor", relataron las flores.
Las flores seguían hablando, compartiendo sus cuentos de amistad y valor. Sofía escuchaba con atención, aprendiendo cosas nuevas. Abuela Sara sonreía, viendo cómo su nieta se maravillaba con la magia.
Las mariposas danzaban alrededor de Sofía y su abuela, llenando el aire de belleza. "¡Mira cómo vuelan!", exclamó Sofía, mientras el jardín giraba en un torbellino de colores. Las flores le decían: "¡Es un día para soñar!"
Una tarde, el viento trajo una brisa suave. "¿Sabes, Sofía? Las hojas también tienen historias que contar", dijo la abuela. Las hojas susurraban secretos a los dos, llenando el aire de sorpresas.
Al caer el sol, el jardín se iluminó con destellos dorados. Las flores brillaban como estrellas y los árboles hacían una danza en círculo. "Es hora de bailar, ¡vamos a celebrar!", cantaron las flores.
Sofía y la abuela se unieron a la danza, felices y llenas de amor. Aprendieron que en cada hoja y cada flor, hay un mágico corazón. La amistad y la naturaleza son simplemente la mejor canción.
Cuando la luna apareció, las flores se despidieron. "Hasta mañana, Sofía, ¡vuelve a jugar!", dijeron mientras se abrazaban en un suave murmullo.
Sofía y la abuela regresaron a casa, con los corazones llenos de alegría. Prometieron cuidar el jardín mágico, donde siempre hay amor y magia para compartir.